Inicio la serie de artículos
sobre agua, como fuente y relación de nuestro cuerpo con los elementos y la
vida, con una referencia a aspectos relacionados con estudios y estadísticas.
Desde el punto de vista
biológico, todos los seres vivos poseemos un alto porcentaje de agua, mezclada
con otros cuerpos químicos y físicos, en nuestra anatomía. Plantas, animales y
humanos con variaciones en porcentajes, todos requerimos del agua para
subsistir.
Según expertos en supervivencia,
el ser humano puede sobrevivir muchos días sin ingerir alimentos (proteínas,
carbohidratos), sin embargo, en períodos breves de tiempo, dependiendo de las
condiciones climáticas, sin ingerir agua dulce, se deshidrata y el organismo
falla.
El ser humano está compuesto por
agua. El bebé dentro del útero, aseguran los especialistas, alcanza un 80% de agua en su cuerpo. El adulto joven ya
llega a un 70% y en la ancianidad se alcanza un 50% de agua. Mientras
envejecemos vamos perdiendo capacidad de almacenar agua en nuestro cuerpo.
El agua nos mantiene vivos. El
agua nos aporta los medios para que la sangre y los órganos realicen sus
funciones.
Siendo tan importante el agua,
resulta honroso agradecer, así como bendecimos y agradecemos los alimentos que
llegan a nuestra mesa, el agua con que nos nutrimos, nosotros, las plantas de
las que obtenemos los frutos, raíces y hojas para comer, los animales que
pescamos o criamos para alimentarnos, e incluso los alimentos que ellos
ingieren para vivir. Es un permanente y precioso ciclo de honra entre las
especies que convivimos en esta tierra y todo se resume a un elemento: El Agua.
Siendo que este elemento es parte
primordial de la vida, resulta difícil separarla de su capacidad de transferir
y llevar consigo salud y bienestar. Y a este respecto, voy a referirme en
primera instancia, a los resultados de estudios realizados por el Dr Masaru
Emoto, quien plantea en su publicación Los Mensajes del Agua, que ésta se
afecta de acuerdo a las vibraciones energéticas de los mensajes que recibe de
su entorno y de los seres a su alrededor. De tal manera que, muestras de agua
sometidas a mensajes de amor, luz y paz, mostraron formaciones de cristales en
congelación, de una maravillosa y preciosa arquitectura y en cambio, muestras
de agua sometidas a diversas formas de violencia y desamor, reaccionaron aglutinándose
e incluso cambiando color en las mismas condiciones de congelación que las
primeras.
Culturas ancestrales,
profundamente enraizadas y en armonia con la naturaleza, tienen como sitios
preferidos para los rituales de sanación, de meditación y de retiro, a las fuentes de agua. Agradecen y piden
permiso al agua para ayudarse a sanar las enfermedades del cuerpo. En otras
culturas, existen incluso duendes, hadas y gnomos protectores de las fuentes de
agua.
La Homeopatía, los sistemas
Florales tanto de Bach como todos los de nueva generación, fundamentan sus
principios activos de sanación “imprimiendo” en el agua las cualidades de
aquello que desean sanar, de acuerdo a los principios de cada disciplina.
Se plantea que el agua tiene la
capacidad de recibir, replicar e imprimir en su conformación molecular, aquello
que recibe mediante enfoque de energía, palabras, y diluciones minúsculas.
Entonces, si el agua que
ingerimos y con la que cuidamos nuestro cuerpo es susceptible a ser “programada”
para ayudarnos a mejorar sus funciones dentro de nuestro organismo, e incluso
ayudarnos a armonizar nuestras energías y limpiar o desintoxicar de sustancias
y emociones negativas, es tener a la mano uno de los instrumentos más económicos,
naturales y no invasivos para ayudar a mantener nuestra salud y bienestar en
punto óptimo.
Igualmente, nos hace reflexionar
sobre nuestras emociones y verbalizaciones ante situaciones causadas por la
naturaleza y/o el hombre, que enturbian y deterioran la calidad del agua que
recibimos para beber. Quizás sea momento de pensar un poco antes de vilipendiar
al agua, que no es más que un vehículo que traslada lo que le agregamos. Es
posible, bajo los principios planteados, “ayudar” a que el agua enturbiada,
mejore su calidad, mediante la carga de energía sanadora desde el agua que
almacena nuestro cuerpo y transformada en palabras y emociones.
En las próximas entregas,
mostraré diversos métodos y usos de agua energizada, solarizada, programada, de
acuerdo a las diferentes filosofías, prácticas de sanación y terapias
holísticas, con la finalidad de que podamos elegir aquella con la que la
intuición nos indique que haremos mejor integración.
Para iniciar en la honra al Agua:
Bendecir y agradecer el agua que
ingerimos, es un acto de autosanación; para nosotros, y para los alimentos.
Bendecir y agradecer a la tierra que almacena y transporta el agua para que las
plantas crezcan es un acto de sanación para la tierra y la naturaleza. Devolver
a la tierra agua limpia y bendecirla en gratitud por lo que nos aporta, es un
acto de comunión entre la Tierra, los seres, plantas, animales que habitamos en
ella.
Comenzar por esta primera tarea,
nos pondrá en sintonía con la naturaleza y su sabiduría.

