Ayer, mientras esperaba cruzar la calle donde vivo, observé algo que llamó poderosamente mi atención, en realidad, fue inevitable darme cuenta:
Una no tan larga hilera de vehículos hacía sonar sus bocinas (cornetas en Venezuela), el motivo? un vehículo accidentado en la vía. Observo como UN sólo hombre se esfuerza por empujar el pequeño vehículo hacia un espacio fuera de la circulación, tarea por demás ruda, ya que el pavimento, justo allí, tiene un bache. Así que se trataba de darle un movimiento de vaivén hasta que la inercia lograra sacarlo de allí para seguir rodando en neutro.
Al volante, una señora mayor, angustiada por el sonido que se incrementaba cada minuto de los conductores impacientes sonando bocinas. Yo miraba la hilera y a los conductores, y veía rostros impacientes y molestos, dentro del aire acondicionado, hablando por teléfono y armando barullo. Al frente, una clínica, con un parkero, oficiales de seguridad y gente entrando y saliendo.
De repente un hombre con atuendo de obrero, llegó corriendo desde más atrás en la fila y ayudó al sudoroso joven que ya empezaba a desesperar.
Una vez empujado el pequeño obstáculo, el joven se trepó al vehículo inmediatamente detrás del accidentado y el tráfico empezó a fluir. Conté cerca de 25 vehículos pasar frente a mi, cada conductor con rostro enardecido y molesto.
Lo significativo de este suceso? A pesar de que todos observaban al único hombre luchar contra el peso del carro, la única forma de expresarse fue sonando sus bocinas con más fuerza. Nadie quiso ensuciar su ropa, o malograr su peinado, o quitarse la chaqueta para ayudar a otro ser humano en problemas. Fue más fácil y cómodo "quejarse". Sólo un humilde obrero tuvo la voluntad de tender la mano y prestar servicio a otra persona.
Cuantas veces nos hemos encontrado en una situación similar? Y acaso nos cuestionamos, por un minuto de mi tiempo y entre muchos, el esfuerzo quizás es menor y el problema se resuelve para todos con mayor rapidez?. Cuantas veces andamos por el mundo mirando a otros en problemas sin querer salir de nuestra burbuja de comodidad?
Que sucederá el día que sea cualquiera de nosotros varados en medio de la vía? Y miremos angustiados alrededor buscando ayuda y detrás sólo sean una hilera de vehículos con conductores impacientes tocando bocinas...
"Lo que niegas, te lo niegas" parafraseando a Alejandro Jodorowsky
Taller Creativo, explora artes, oficios, potencialidades, adiestramientos, crecimiento personal y algunas cosas mas.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
lunes, 18 de octubre de 2010
YO, Cliente
Yo soy cliente. Es una afirmación. Consumo bienes y servicios, pagos o no, y esto me convierte inmediatamente en cliente.
Cuando estoy de este lado del mostrador, por así decirlo, calzando los zapatos de cliente, soy como cualquier persona de carne y hueso que camina por el mundo, y experimento las mismas sensaciones y percepciones que todos los demás seres humanos.
Percibo un rostro que sonrie de manera auténtica, el gesto de cansancio o hastío, la demora en el servicio del café porque el mesonero se detuvo a conversar algo muy importante con el compañero de otro rango de mesas, siento que mi comida está fria o la carne dura. Me toca esforzarme para escuchar a esa cajera que habla entre dientes solicitandome "sencillo" (cambio).
Soy un cliente como todos. Uno relativamente paciente, en realidad. Quizás mi formación como prestadora de servicios me alarga la paciencia un poco o simplemente no me gusta armar revuelo.
Sin embargo, percibo y debo destacar que: Me molesta que un supermercado huela a agua empozada tapada con desinfectante de olor a lavanda; me molesta la música a muy alto volumen en cualquier tienda porque me hace tener que entenderme a gritos con la vendedora; me molesta mucho que en una zapateria la vendedora ponga cara de fastidio cuando le pido más de tres pares de zapatos para probarme y más aún que me digan de plano "ese modelo no viene en su numero" y den media vuelta y me dejen sola y desilusionada.
Me molesta que en el punto de paqueteria que muchas tiendas tienen para dejar los paquetes al entrar, el encargado esté hablando por teléfono y no me pueda atender o que simplemente no esté en su puesto de trabajo y yo tenga que esperar por él o ella.
Quizás, lo más seguro es que no me queje, porque entiendo que quejarme ante un supervisor que está viendo lo que el empleado hace sin ponerle correctivo previo, no tiene efecto alguno, por el contrario, me ganaré la mala voluntad del empleado que recibe un regaño a destiempo y en publico por mi culpa. Así, que es muy probable que no me queje.
Pero algo sí aseguro, que donde perciba como cliente algunas de esas actitudes que he mencionado, de seguro, ¡ No volveré!
Cuando estoy de este lado del mostrador, por así decirlo, calzando los zapatos de cliente, soy como cualquier persona de carne y hueso que camina por el mundo, y experimento las mismas sensaciones y percepciones que todos los demás seres humanos.
Percibo un rostro que sonrie de manera auténtica, el gesto de cansancio o hastío, la demora en el servicio del café porque el mesonero se detuvo a conversar algo muy importante con el compañero de otro rango de mesas, siento que mi comida está fria o la carne dura. Me toca esforzarme para escuchar a esa cajera que habla entre dientes solicitandome "sencillo" (cambio).
Soy un cliente como todos. Uno relativamente paciente, en realidad. Quizás mi formación como prestadora de servicios me alarga la paciencia un poco o simplemente no me gusta armar revuelo.
Sin embargo, percibo y debo destacar que: Me molesta que un supermercado huela a agua empozada tapada con desinfectante de olor a lavanda; me molesta la música a muy alto volumen en cualquier tienda porque me hace tener que entenderme a gritos con la vendedora; me molesta mucho que en una zapateria la vendedora ponga cara de fastidio cuando le pido más de tres pares de zapatos para probarme y más aún que me digan de plano "ese modelo no viene en su numero" y den media vuelta y me dejen sola y desilusionada.
Me molesta que en el punto de paqueteria que muchas tiendas tienen para dejar los paquetes al entrar, el encargado esté hablando por teléfono y no me pueda atender o que simplemente no esté en su puesto de trabajo y yo tenga que esperar por él o ella.
Quizás, lo más seguro es que no me queje, porque entiendo que quejarme ante un supervisor que está viendo lo que el empleado hace sin ponerle correctivo previo, no tiene efecto alguno, por el contrario, me ganaré la mala voluntad del empleado que recibe un regaño a destiempo y en publico por mi culpa. Así, que es muy probable que no me queje.
Pero algo sí aseguro, que donde perciba como cliente algunas de esas actitudes que he mencionado, de seguro, ¡ No volveré!
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