lunes, 18 de octubre de 2010

YO, Cliente

Yo soy cliente. Es una afirmación. Consumo bienes y servicios, pagos o no, y esto me convierte inmediatamente en cliente.

Cuando estoy de este lado del mostrador, por así decirlo, calzando los zapatos de cliente, soy como cualquier persona de carne y hueso que camina por el mundo, y experimento las mismas sensaciones y percepciones que todos los demás seres humanos.

Percibo un rostro que sonrie de manera auténtica, el gesto de cansancio o hastío, la demora en el servicio del café porque el mesonero se detuvo a conversar algo muy importante con el compañero de otro rango de mesas, siento que mi comida está fria o la carne dura. Me toca esforzarme para escuchar a esa cajera que habla entre dientes solicitandome "sencillo" (cambio).

Soy un cliente como todos. Uno relativamente paciente, en realidad. Quizás mi formación como prestadora de servicios me alarga la paciencia un poco o simplemente no me gusta armar revuelo.

Sin embargo, percibo y debo destacar que: Me molesta que un supermercado huela a agua empozada tapada con desinfectante de olor a lavanda; me molesta la música a muy alto volumen en cualquier tienda porque me hace tener que entenderme a gritos con la vendedora; me molesta mucho que en una zapateria la vendedora ponga cara de fastidio cuando le pido más de tres pares de zapatos para probarme y más aún que me digan de plano "ese modelo no viene en su numero" y den media vuelta y me dejen sola y desilusionada.

Me molesta que en el punto de paqueteria que muchas tiendas tienen para dejar los paquetes al entrar, el encargado esté hablando por teléfono y no me pueda atender o que simplemente no esté en su puesto de trabajo y yo tenga que esperar por él o ella.

Quizás, lo más seguro es que no me queje, porque entiendo que quejarme ante un supervisor que está viendo lo que el empleado hace sin ponerle correctivo previo, no tiene efecto alguno, por el contrario, me ganaré la mala voluntad del empleado que recibe un regaño a destiempo y en publico por mi culpa. Así, que es muy probable que no me queje.

Pero algo sí aseguro, que donde perciba como cliente algunas de esas actitudes que he mencionado, de seguro, ¡ No volveré!

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