miércoles, 25 de junio de 2014

La Vida Expresada desde un Mandala

Hace 10 años encontré en una librería del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, en Venezuela, un libro en inglés que tenía unos dibujos circulares muy lindos para colorear. Me enamoré. No disponía del dinero para comprar el libro pero el nombre me quedó grabado en la memoria. 

Tan pronto llegué a mi destino y a mi oficina, comencé a buscar en Internet, que hace 10 años no era lo que es hoy, "Mandalas" y descubrí un mundo que se convirtió en mi escape de un ritmo de trabajo estresante, un tema familiar agobiante y una forma de seguir haciendo algo que me hipnotizaba de niña: Colorear.

Imprimí muchas imágenes y empecé a colorear. Lo tomaba y lo dejaba según estuviese mi ánimo y disponibilidad de tiempo. Era para mi, una tarea recreativa y confieso que me sentía terriblemente culpable de dedicarme a colorear un "dibujito" cuando había miles de cosas que completar en casa. Y así fue como comenzó mi des-estructuración.

Mudanzas por medio, mucho de lo coloreado se quedó en un basurero. Y mi fascinación crecía. Comencé a investigar más, a leer más y fui descubriendo la Magia de los Mandalas.

Desde niña me sentí muy atraída hacia la observación silenciosa de la naturaleza y de las personas, de lo cotidiano. Capaz de pasar horas en una plaza solo observando, empecé a darme cuenta de la simetría de flores, en cómo la naturaleza combina colores y formas. 

Los Mandalas siguieron formando parte de mi terapia personal (sin estar consciente de eso). En casa nunca faltaba una caja de colores o marcadores. 

Apenas hoy voy recordando la manera en que mi observación se hizo más consciente, más centrada, más meditativa. Empecé a distinguir los diferentes tonos de azul en el cielo, los matices de las hojas en los árboles y seguía coloreando mandalas. Un buen día decidí comenzar a dibujarlos. a enriquecer lo coloreado con más dibujos o quizás necesité encontrar en las escuadras y el compás un patrón director de mi aparente desorden de pensamientos.

Y funcionó. 

Hace ya 4 años que me dedico sin prisas y sin afán, a experimentar texturas y formas para crear mandalas. No me siento satisfecha con una hoja de papel. La Naturaleza es tan prolífica y es en 3D y no imprime papeles. Muchas veces creo que mi creatividad va más rápido de lo que mis  manos pueden procesar y sigo anotando ideas y dibujando bocetos.

Los Mandalas me han ayudado a focalizar mi observación. A estar siempre presente en el Ahora, porque no hay experiencia sensorial en el pasado, solo son recreaciones y reinterpretaciones de lo ya vivido. Lo que hoy despierta una sensación, nunca más la reproducirá igual. Lo que hoy motivó un mandala, mañana, al recordarlo, motivará un mandala diferente. Vivo en el ahora. 

Dejé de sentirme culpable por la pila de ropa sin planchar o los trastos esperando por mi en la cocina. Comprendí que si me organizo, como en un perfecto mandala simétrico, todo se atiende, todo se resuelve y todo se logra. 

Los Mandalas me han ayudado a centrarme y enfocarme. Lavar los trastos es lavar los trastos, caminar con la perrita es caminar con la perrita, planchar es planchar. Quizás una de las pocas cosas  que dejo a la mujer multitasking es el tema de lavar, ya que la máquina hace el trabajo y me anuncia el final con un bip. Por demasiado tiempo, exigimos a nuestros cerebros tener la atención en muchas cosas a la vez. Cuando llega el momento de colorear, crear, tejer o bordar mandalas, no hay otra tarea que requiera mi atención, excepto una taza de café o de té. Y eso es maravilloso, Mandalas son meditación y silencio. Es imposible estar haciendo listas de tareas mientras cuento puntadas o elijo colores.

Escucho mi cuerpo y sus sensaciones, y cuando el cuerpo me dice "hambre!" entonces lo alimento. Me he vuelto mas natural, lo que me ayuda a controlar mi peso y mi salud en general. No como porque se debe comer a esa hora, me alimento cuando mi cuerpo dice que requiere el combustible. Y eso se lo debo a la concentración que aprendí con los Mandalas. 

Cuando elaboro Mandalas, todos mis sentidos están alerta, despiertos, percibiendo, escuchando, sintiendo y logro comunicarme mejor con mi cuerpo, con mi mente. Logro entonces conversar con ese dolor de cabeza de Migraña mensual y convencerla de que no me incapacite por completo por ese par de días. Converso con mis dos enfermedades autoinmunes para que me indiquen la emoción que están manifestando cuando se les ocurre asomarse y molestar. Gracias a ello, llevo años sin medicación regular y constante y 5 años sin presentar crisis o requerir atención médica. Percibo mi cuerpo con amor y paciencia.

Dejé de juzgarme y cuando lo hago, vuelvo a un dibujo. Me organizo, actúo y me queda tiempo para colorear o bordar. En Mandalas no hay bonito ni feo, no hay bueno o malo, sólo hay expresiones de ese momento y por tanto no puede haber juicios. Me acepto mucho más desde que empecé a practicar con Mandalas. Reconozco mis momentos buenos, malos, medio buenos y medio malos. Y enfoco mi energía para que el desbalance no dure mucho tiempo. Solté el intentar controlar lo que no está en mis manos. En mis manos está crear un Mandala, sin embargo, no está en mis manos la interpretación que otro le da a mi Mandala. Entonces, comprendo la individualidad y manifiesto respeto por la opinión del otro observador.

Si, crear Mandalas ha cambiado mi visión de la vida, de mi entorno y de las relaciones. 

He invitado a otras personas a entrar en este espacio de libertad y los resultados han sido fabulosos. Los rostros sonrientes lo dicen todo. La expresión de triunfo, de paz y de satisfacción son ejemplo de lo que los Mandalas hacen en las vidas de quienes los dibujan, observan, crean, modelan, pintan, tejen, bordan, regalan, diseñan y más.

Son muchas las posibilidades de aplicación de estas fabulosas herramientas. Y poco a poco les contare cómo y para qué.

Bienvenidos todos a la Vida desde los Mandalas.


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